Z Nation

No es necesario ser un experto en el tan denostado (no siempre con justicia) género Z ni un freak de The Walking Dead, para darse cuenta de que Z Nation no es más que un subproducto. Otra serie de zombis, una del montón, con una factura más propia de telefilme barato, de sobremesa, que de algo a ser tenido mínimamente en serio.

Z Nation nos narra la historia de un grupo de sobrevivientes al apocalipsis zombi de turno; tres años después del primer brote nos encontramos con que al fin hay una cura, una única muestra que inyectaron a un tipo y ahora toca llevar a ese tipo a un laboratorio en la otra punta de los Estados Unidos. El actor tras ese tipo es Keith Allan; se parece a Hugh Jackman, la barba le sienta igual de bien que a Hugh Jackman y a ratos da la impresión de que intenta actuar como Hugh Jackman. Pero no es Hugh Jackman. Se ve que a SyFy no le llegaba el presupuesto y buscaron a alguien que diese el pego.

Keith Allan

Curiosamente Keith Allan ha participado en varias producciones de género zombi; telefilmes con guión suyo y en los que también ha actuado. Por lo que ya nos podemos hacer una idea de la cara que puso cuando leyó el guión de piloto que, más o menos viene a seguir esta línea de acontecimientos: aparece un zombi, a salir corriendo, disparos, sesos de zombis por los aires, más zombis, más disparos, alguien muere, a salir corriendo otra vez, discutimos entre los que quedamos, otro zombi (no nos dan un respiro, ¿acaso esta gente no duerme?), alguien le revienta la cabeza con una maza… etc.

Sí, ahí estaba nuestro amigo Keith, acalorado por la emoción, al borde de sufrir una hemorragia de placer y diciendo: «¡He nacido para este puto papel!».

Siendo justos, tanto con él como con el resto del reparto, hay que dejar claro que hacen lo que pueden con lo que les han dado.

Ocurre, en el género Z y en el terror en general, que para que no todo sea sangre, gritos, disparos y carreras, hay que meter conflictos entre los humanos para salpimentar un poco la trama y ver cómo son realmente los protagonistas, cómo se comportan cuando son llevados al límite, cuando aflora su verdadero yo. Ahí es donde una serie gana o pierde atractivo y se juega la atención y, por extensión, el respeto del espectador. Z Nation pincha aquí. Los conflictos y los dilemas morales están metidos a presión, embutidos en unos diálogos toscos, sin gracia ni el menor atisbo de ingenio ni trabajo detrás del teclado.

Lo peor que le puede pasar a una serie presuntamente dramática, de zombis en este caso, es que termine siendo cómica sin pretenderlo; no estamos hablando de otras producciones del canal SyFy, como Sharknado, que buscan la parodia llevándolo todo a lo burdo. En Z Nation la mayoría de las sonrisas que se le arrancan al espectador son de embarazo, de vergüenza ajena, de apaga y vámonos.

Así que eso:

El último que apague la luz.

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