Westworld: Ahora todos sangran

Me va a servir la anarquía con un vaso de whiskey, por favor. Y deje la botella. Así pintan las cosas en esta segunda temporada de Westworld. Y es que la primera, de la cual ya hablamos, terminó en todo lo alto, tan alto que uno, más que preguntarse si la siguiente podría mantener el nivel, lo que se planteaba era de qué modo se afrontaría y qué nos depararía. Westworld, antes de nada, logra cocer a fuego lento la historia sin que dejen de suceder cosas. Y cocer a fuego lento cuando la anarquía campa a sus anchas y cada cual persigue sus objetivos sabiendo que se está jugando el todo por el todo, tiene doble mérito.

La serie sigue moviéndose en varios planos temporales, mostrándonos los orígenes del “parque temático”, de los personajes (de todos ellos, androides incluidos), dándonos fugaces avances del futuro y, por supuesto, desgranando el presente hasta que se una con ese futuro que tantas preguntas nos plantea.

Las cuestiones filosóficas, que no dejan de sobrevolar casi cada línea de guión, están incluso más presentes que en la primera temporada. Entre los androides (los anfitriones) sublevados, aquellos que han adquirido conciencia propia, tenemos a los que adoptan un rol cuasi mesiánico, porque un día tuvieron una fugaz visión de la realidad más allá de los muros, mientras otros sólo quieren ser libres y que les dejen de revoluciones y venganzas. Y entre tanto los humanos bailando al son de los disparos de estos anfitriones enfurecidos. Todos menos Ed Harris. Porque el personaje de Ed Harris es el personaje que todo western necesita. Y, sin ser Westworld un mero western, su historia en el parque sí lo es.

¡Y vaya si da el papel! Tienen algo, estos actores que se acartonan, como si fuesen a la clínica de cirugía estética y en lugar de pedir un lifting parece que le hayan dicho al cirujano que les recauchuten las arrugas para que aguanten ahí unas décadas, que donde están, están muy bien, las arrugas. Tienen algo, decíamos, que… un poco como Viggo Mortensen, no sé si me explico…, bueno, pues es algo que hace que ellos también estén muy bien los pongan donde los pongan, da igual el papel que les den, más allá de que sean actores como la copa de un pino. Si mañana le dan a Ed Harris un papel de vampiro adolescente en una película de amor entre vampiros y humanos… no la vería porque sería una basura, pero seguro que él estaba espléndido.

De hecho, y volviendo a Westworld, las interpretaciones son más que destacables (Evan Rachel Wood, Thandie Newton y Jeffrey Wright al frente), pero a veces ocurre que un guión es tan absorbente que nos olvidamos de que defendiendo ese guión hay actores que han de mostrar un nivel igual de alto si no queremos que todo se hunda.

Y pensar que todo salió de la revisión de una película de Michael Crichton, mala con avaricia, rozando la serie B, en la que a los androides de un parque temático se les saltaban los plomos. Michael Crichton, ese tipo al que le dabas un parque temático y te duraba dos días…

Lo que son las cosas.

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