Waco

Acerca de lo que sucedió, allá por 1993, en un pequeño pueblo texano perdido de la mano de Dios llamado Waco se ha escrito mucho. Y son muchos también los documentales que han tratado el tema; un tema que, indudablemente, daba para una serie. Y aquí la tenemos.

Pero claro, ponernos a hablar de una serie basada en unos hechos acaecidos hace más de cinco lustros tal vez sea precipitado sin ponernos al día y hablar antes de la secta de los davidianos y de su rancho en Waco.

Los davidianos eran una secta de manual, liderados por un iluminado con delirios mesiánicos llamado David Koresh. Pertenecer a su secta era muy sencillo, más aún que hacerte socio de un video-club allá por el 93, eso sí, tenías prohibido el alcohol y el sexo, a menos que fueses mujer, entonces tenías que pasar por la cama de Koresh cuando él lo quisiera. Tonto no era el amado líder. Casadas, menores de edad… igual daba. Son mis feligresas y me las follo cuando quiera, diría. No en público, claro está. De hecho él soltaba la historia de que Dios le hablaba y sólo sus hijos serían los elegidos que un día liderarían… la verdad es que cuesta terminar la frase sin reírse. Hay gente que se cree estas cosas, qué le vas a hacer.

Como buen pastor y mejor texano a David Koresh le gustaba hacer acopio de armas de asalto, fusiles y subfusiles automáticos, y si no llenó la piscina con napalm fue porque no tenían piscina en el rancho. Esto hizo que la ATF, la Agencia Federal de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego de Estados Unidos, empezase a investigar a los davidianos.

Lo que ocurrió después fue una de las mayores chapuzas de la historia de la ATF y la posterior chapuza, aún mayor, del FBI. Por orden: un asalto que acabó con cuatro agentes y seis miembros de la secta fallecidos, el posterior asedio y negociación y un asalto final con tanques, helicópteros y gas lacrimógeno. Como resultado, el rancho acabó reducido a cenizas y más de setenta davidianos (varios menores entre ellos) muertos.

Y ahora vayamos con la serie.

Para estar basada en, a falta de uno, dos libros escritos por testigos en primera persona de aquel suceso (A Place Called Waco, del davidiano David Thibodeau y  Stalling For Time: My Life As An FBI Hostage Negotiator, del agente del FBI Gary Noesner), hay ciertas omisiones injustificadas y de bulto. Bien pronto se ve en la serie cómo un agente de la ATF se infiltra en la secta, hasta ahí todo bien, pero mientras que este agente llegó incluso a hacer prácticas de tiro (con un fusil de asalto AR-15) junto al mismísimo Koresh, en esta ficción se las apañan para saltarse esta clase de detalles y dar a entender que su infiltrado no había visto ni un triste tirachinas y la ATF iba a ciegas antes de comenzar el asalto al rancho. Parecería, o al menos se podría tomar por una omisión menor, de no ser porque no es la única y se incide demasiado en las ansias de ATF por marcarse un punto y justificar con él su propia existencia como agencia independiente. Mientras que nos pintan a los davidianos, con David Koresh al frente, como poco más que un grupo de estudio de la Biblia que no se metía con nadie; del mismo modo retratan su cerrazón (y mentiras y promesas rotas) a la hora de negociar y el hecho de tener a sus propios hijos (menores de edad) como escudos humanos, casi de resistencia numantina y heroica, frente a unas fuerzas de ocupación fascistas que no entienden de derechos constitucionales.

En definitiva, uno esperaba de esta serie más realismo, menos omisiones por un lado y menos ficción, que también la hay, por otro.

Como punto a favor tiene las actuaciones de Michael Shannon en el papel del negociador Gary Noesner, Taylor Kitsch (interpretando a David Koresh) e incluso la de Rory Culkin (sí, es hermano de Macaulay Culkin) como el davidiano David Thibodeau. Casi podríamos decir que salvan la serie, porque la dirección tampoco aporta nada, es correcta, pero a ratos se habría agradecido algo más.

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