True Detective (3ª temporada)

El regreso de True Detective, tras la decepcionante segunda temporada, no era ni de lejos lo más esperado dentro de las novedades televisivas que nos irá soltando, poco a poco, este 2019.

Nic Pizzolatto, creador de la serie, tiró abajo la puerta de Hollywood en 2014 con una primera temporada espectacular, puro noir que hizo las delicias tanto de propios como de extraños al género. Pero convertirse de la noche a la mañana en el nuevo chico de moda hizo que sufriera de lo que bautizaremos como el Síndrome de Adam Sandler (ASS, por sus siglas en inglés). El ASS es fácilmente identificable gracias a sus inequívocos síntomas, como por ejemplo un crecimiento desmesurado del ego, que desemboca en la creencia absoluta de ser mejor de lo que uno realmente es. Los casos más graves de ASS, si no son tratados a tiempo, pueden desembocar en ASSHOLE; lo que viene siendo un gilipollas, vamos.

Pizzolatto, después de esa primera temporada, firmó una segunda tan decepcionante que hizo de la renovación por la tercera casi un acto de fe por parte de HBO. Y, en su ansia por llenarse los bolsillos convencido de ser mejor de lo que era, el bueno de Nic aceptó el reto de escribir el remake de Los siete magníficos, que no es que no cumpliera con las expectativas ni hiciera honor a la película original, es que era tan mala como innecesaria. Pero él quería más, más y más, y se lanzó con la adaptación de su propia novela, Galveston, al cine. El resultado fue una de esas cintas de las que nadie habla, si bien al menos no es infumable, tan solo algo lenta.  

De modo que ahí estaba Pizzolatto, a un paso de convertirse en un gilipollas y jugándose, si no su futuro en Hollywood, sí el futuro de True Detective. Y creo no estar exagerando si digo que fuimos cientos, miles, cientos de miles, los que suspiramos de alivio nada más ver el primer capítulo de esta tercera temporada. True Detective había vuelto.

La pareja protagonista, compuesta por el oscarizado Mahershala Ali y el no oscarizado Stephen Dorff carece de la fuerza de la que en su día hicieran gala Matthew McConaughey y Woody Harrelson, pero aún así funciona; principalmente gracias a Ali, cuyo personaje es quien tira de la serie. Y nuevamente el ritmo, la fotografía, la atención a los detalles, el mimo, el saber jugar con las distintas líneas temporales narrativas, recordaban esa factura tan trabajada de la primera temporada. Y está claro que no llega a igualar a la primera, pero se acerca lo bastante como para poder hacer como que la segunda nunca existió.

Y, del mismo modo que no nos hemos cortado a la hora de poner a caldo a Nic Pizzolatto cuando sus guiones han defraudado y han estado, no ya lejos de la calidad que sabemos que puede ofrecer, sino lejos de la calidad mínima exigible a cualquier profesional, esta vez no nos duelen prendas en quitarnos el sombrero frente a él. Podemos volver a decir que True Detective es condenadamente buena.

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