The Punisher

Cuando una serie no da lo que promete se hace muy cuesta arriba darle un poco de cuartelillo y animarse a ver un capítulo más. Pero lo haces, ves un segundo capítulo e incluso un tercero porque la serie y el personaje prometían. A partir de ahí la paciencia se esfuma. Eso es lo que pasa con The Punisher. Uno de los personajes Marvel que menos suerte ha tenido en sus adaptaciones cinematográficas.

La primera de ellas, realizada en 1989 y protagonizada por Dolph Lundgren ya no la recuerda casi nadie, la segunda, en 2004, se recuerda como un pudo haber sido y no fue, y la última, estrenada en 2008, es para olvidar (pese a que Ray Stevenson probablemente sea quien más credibilidad haya dado al personaje). Tres películas: tres actores. ¿Hay algún indicador más claro de que los productores no logran dar con la tecla que el baile constante de caras? No pasó lo mismo con otras adaptaciones como Iron Man o Thor, tampoco con Wolverine. Y sí con la peor época de Batman (Val Kilmer y George Clooney) o con Hulk. Por poner unos ejemplos.

El caso es que ahí estaba la gente de Netflix, San Netflix, patrón de las causas perdidas, para animarse con The Punisher y, tras rescatarlo del olvido durante la segunda temporada de Daredevil (hablando de causas perdidas y adaptaciones cinematográficas… maldita sea la hora, Ben Affleck), finalmente darle su propia serie.

The Punisher, el Castigador, interpretado en esta ocasión por Jon Bernthal, es un tipo atormentado, un ex marine atormentado llamado Frank Castle. Después de perder a su familia, acribillada durante un intercambio de disparos entre bandas criminales rivales en un parque, decide liarse la manta a la cabeza y acabar con los responsables. La serie arranca con una secuencia de escenas en la que nos muestra cómo va matando a unos y otros hasta dar su venganza por concluida. Castle, entonces, se busca un currito en la construcción, se deja crecer la barba y la gente lo toma por hipster, lo cual no termina de hacerle gracia. Pero claro, como no podía ser de otra forma y como diría el gran Pedro Reyes: “la energía ni se crea ni se destruye, pero siempre me da a mí”. Vamos, que basta que uno quiera estar pudriéndose en soledad, sufriendo de insomnio en silencio y leyendo Moby Dick para entender mejor hacia dónde te pueden llevar una obsesión y la sed de venganza, para que los problemas vuelvan a ti y descubras que, después de todo, aún te queda basura que limpiar.

Hasta ahí bien. Pero, como decíamos, luego la serie no da lo que promete. Por alguna razón empieza a mutar y a convertirse en lo más parecido a una serie policíaca (mala serie policíaca), trufada de lugares comunes, investigadores muy listos que luego cometen grandes estupideces (recurso de segunda regional para hacer que una serie avance) y dosis generosas de frasecitas manidas que, por mucho que las aplaudan y jaleen en USA, los hay que ya estamos cansados de que, a la más mínima, nos vengan con la grandeza y pureza de los Estados Unidos, con que es un gran país, la tierra de las oportunidades y todas esas vainas.

No da lo que promete porque uno esperaba más acción, más sangre, más violencia y más explícita, más Punisher en definitiva (algo que se podría perdonar si como serie policíaca hubiera algo notable en ella), y menos mostrarnos una y otra vez lo mucho que le cuesta dormir del tirón a Castle; a veces parecería que les dieron ciertas pautas, premisas y, obviamente, la biblia de la serie a los guionistas antes de que cada uno se pusiera a escribir sin saber del trabajo de los demás. Y claro, se tiran tres cuartas partes de cada capítulo presentando a un personaje que ya ha sido presentado, mostrando las pesadillas recurrentes de Frank, tirando de flashbacks, investigando conspiraciones y cocinando a fuego lento para preparar los diez minutos de acción con los que toca acabar cada uno de ellos.

No da lo que promete porque Netflix prometió una adaptación de The Punisher; no una serie policíaca de tercera con The Punisher como personaje recurrente. Y uno confiaba en que al fin alguien tuviera los arrestos suficientes como para ser fiel al personaje del cómic de una puñetera vez. The Punisher es quien es, si se intenta hacer una adaptación para todos los públicos te quedas a medio gas.

Otra vez.

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