Si no sabes qué hacer con tu personaje, mételo a detective

Sea por dejadez, falta de criterio o comodidad por parte de productores y creativos, poco importa, cada vez es más común ver a personajes de lo más variopintos metidos a detectives. Las series de televisión rezuman noir de tercera por sus poros; un género negro naif en el que poco importan los argumentos trillados y previsibles o los giros argumentales metidos con calzador. Eso es lo de menos cuando te preguntas qué carajo pinta el protagonista haciendo de detective.

No se trata de algo nuevo, Los Simpson ya parodiaron este fenómeno años atrás, en un capítulo donde, en el MacGuffin con que suelen arrancar siempre, veían el piloto de una serie, Policías Polis, al final del cual le preguntaban al policía-poli protagonista: «No lo entiendo Homer, eres millonario y las mujeres se rinden a tus pies. ¿Por qué no vives en tu palacio de Europa?».

Pues así están las cosas, si no peor.

Se podría comprar la idea de que alguien de fuera del departamento de policía de turno tal vez pueda aportar un enfoque distinto a las investigaciones; ayudar con ideas originales en unos casos cuya resolución suele ser de A+B=C. Y, de paso, salpimentar la rutina de sus nuevos compañeros gracias a sus excentricidades. Sí, vale. Ahí tenemos uno o dos capítulos que se salen de la norma. Pero, pasado esto, ¿qué pinta ese tipo ahí?

Guionistas en horas bajas, supercalifragilisticoresacosos o que no pasaron de la clase donde se trató la tensión sexual no resuelta como gancho argumental. A eso se aferran con desesperación. Si les sacan de ahí están perdidos, desorientados, acabados.

En Sin Límites (por empezar con uno de los casos más burdos), serie salida de la película homónima que a su vez se basó en la novela The Dark Fields, de Alan Glynn, vemos a un tipo que, gracias a una droga de diseño, es capaz de llevar su cerebro al cien por cien de su potencial. Uno pensaría que alguien capaz de aprender un idioma con solo oírlo, recordar absolutamente todo lo que alguna vez haya leído o desarrollar complejos algoritmos para triunfar en Wall Street en lo que tú te tomas un café, podría hacer algo por la humanidad; como trabajar en una cura para el cáncer o una vacuna para el SIDA. Pues no: a ayudar al FBI, que se ve que Donald Trump va a tener razón y están últimamente que no atinan ni una. No deja de ser curioso que ni en la novela ni en la película este fuera el caso. Pero claro, tenemos al personaje y no sabemos qué hacer con él: pues a jugar a los detectives. Afortunadamente ha sido cancelada tras la primera temporada.

Lucifer es otro caso que da vergüenza ajena. Basado (cogido con pinzas) en el personaje de cómic creado por Neil Gaiman, nos habla de las aventuras y desventuras del mismísimo ángel de las tinieblas. Se ve que se aburría en el infierno, o que hacía demasiado calor para él, y se muda a Los Ángeles (dónde va a parar, ¿verdad?) para terminar ayudando al departamento de policía de la ciudad. Otros que tal andan, que sin ayuda divina no atrapan ni a un camello empapado en crack.

Y así podíamos seguir hablando de mentalistas que como mucho dan para un capítulo, de escritores de novela negra en busca de inspiración o documentación o algo que hacer con su triste vida de triunfador… que a este paso terminaremos viendo a un niño prodigio ayudando a su hermano detective… no, llego tarde, ahí queda para el recuerdo Hermanos y Detectives, una serie cuyo primer capítulo tiró de la leyenda que hay tras Arthur Conan Doyle y El perro de los Baskerville (supuestamente «robó» la obra y mató a su verdadero autor), pero, no contentos con eso, los guionistas hicieron que el asesino de la serie a su vez se inspira en una novela, otra, para llevar a cabo el crimen. Vamos, que los creadores le pusieron tanto empeño que hicieron un refrito tomando prestado el aceite de la freidora del vecino. Ese es el nivel.

Semejantes despropósitos hacen que «¿Quién disparó al Señor Burns?», de Los Simpson (sí, ellos nuevamente), parezca una obra maestra del género negro. Un género que, de no ser por series como True Detective… de la primera temporada de True Detective, daría la impresión estar bien muerto. Tal vez sea un reflejo del mundillo editorial, de las toneladas de noir de saldo entre las que hay que escavar para encontrar algunas, muy contadas, novelas decentes. Porque aquí, una vez más, si no sabes qué hacer con tu personaje lo metes a detective… y si no sabes por dónde empezar una novela mata a alguien en la primera página y a partir de ahí improvisa que algo saldrá.

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