Roseanne

¡Regresó Roseanne! Después de 20 años, que no serían nada para Gardel pero dan para mucho. Y resulta que, en plena fiebre de series y en medio de una vorágine de regresos de títulos que parecían olvidados, ha vuelto a lo grande, casi sin hacer ruido, como si realmente veinte años no fueran nada.

Porque entre regresos y remakes hemos tenido que sufrir, como si detrás de cada uno de ellos hubiera una mente retorcida que quisiera poner a prueba nuestra paciencia,

de McGyver a El coche fantástico (Knight Rider), pasando por Padres Forzosos (Full House, ahora Fuller House y de la cual ya hablamos aquí), V y así un largo etcétera. Amén de las que están por venir, que viendo lo visto uno ya no sabe qué puede esperar. Y es que Embrujadas, Murphy Brown y El gran héroe americano están en camino.

Roseanne, por si hay algún millennial en la sala, fue una serie de televisión (ese aparato que hay en el salón, frente al cual se sientan vuestros padres mientras vosotros estáis con la tablet) que puso el foco, por vez primera, en la clase media norteamericana. Una sitcom que huía de la felicidad metida a capón, de los estándares de belleza hollywoodienses y de la moralina más rancia; que tenía como protagonista a una familia con problemas para llegar a fin de mes y que se enfrentaba a las situaciones a las que se suele enfrentar la mayoría de la gente, aparte de tratar sin tapujos temas hasta entonces no vistos (o tratados de un modo algo naif) en televisión como la homosexualidad o el alcoholismo. Eso, sumado a un humor ácido, unos guiones sobresalientes y un reparto de lujo: Roseanne Barr, John Goodman, Laury Metcalf, Sara Gilvert, Johnny Galecki (estos tres últimos también conocidos por sus papeles en The Big Bang Theory), Sarah Chalke (Scrubs y Cómo conocí a vuestra madre) e incluso, en uno de sus primeros papeles, George Clooney.

Bueno, pues Roseanne ha vuelto, y con el reparto original casi al completo, lo cual ya era síntoma de que la cosa pintaba bien. Claro que aún quedaba por ver cómo retomaban el hilo de una familia desaparecida de la parrilla televisiva las últimas dos décadas. Y así nos encontramos con que los padres ahora son abuelos, con que una de las hijas quiere ser vientre de alquiler para ganar algo de dinero porque de camarera apenas le llega para vivir, la otra ha vuelto a casa al quedarse sin trabajo y el hijo pequeño ha regresado de Siria tras su paso por el ejército. Vemos también que se siguen tratando temas sociales y de actualidad y que no se han perdido ni el humor ni la acidez ni el ingenio. Que siguen siendo esa white trash que trabaja día a día por salir adelante, por mantener un techo sobre sus cabezas y cuidar de su familia. Esa white trash de la América de Donald Trump, que votó masivamente a Donald Trump y que repite como un mantra los eslóganes de Donald Trump aunque solo sea por incordiar a algún familiar durante la cena. Aquí en España también se da, eso de provocar y sacar la política a pasear en familia, a fin de cuentas para eso están los cuñados.

También aquí, en España, hubo quien se atrevió en su día con una adaptación patria de Roseanne, Pepa y Pepe, se tituló. Un subproducto infumable a años luz del original por el que sus creadores tienen un puesto asegurado en el infierno. Mientras, en lo que llega la condenación eterna para esos tipejos, al menos podemos disfrutar del regreso de Roseanne. ¡Veinte años después!

Que veinte años no es nada…

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