Rick y Morty

Es un ególatra cínico y manipulador, pero es nuestro ególatra cínico y manipulador. Rick Sánchez es un tipo que te eructa en la cara mientras habla contigo y aún así, cuando termina de hablar, le das la razón sin pestañear. Si buscáis la definición de carisma en el diccionario no encontraréis una definición mejor ni más gráfica.

Con un personaje así es normal que Rick y Morty se haya convertido ya en una serie de culto.

Por presentarlos muy someramente, Rick es un científico brillante y ultraracional, capaz de hacer incluso borracho (se podría decir que ese es su estado natural) lo que al resto se les antoja una quimera, mientras Morty, su nieto, es un personajillo sin sangre ni talento. Tienen algo de Don Quijote y Sancho Panza, pues Morty, cual escudero, es constantemente empujado por Rick a embarcarse en las más extravagantes aventuras, si bien cambiando La Mancha por infinidad de universos paralelos y realidades alternativas; si Rick se queda en casa es para organizar fiestas con alienígenas como invitados o trabajar en el garaje en un nuevo invento (para convertirse en un pepinillo con tal de no ir a terapia con la familia, por ejemplo).

Con un argumento así cabían dos opciones: ser una serie de animación más, orientada principalmente a un público infantil con guiños a los adultos, o bien ir a por todas y terminar haciendo una serie gamberra, irreverente y plagada de humor negro, donde no caben ni el buen gusto ni los finales edulcorados. Una serie para adultos, vaya, pero para adultos amantes de la ficción pura, nada de garrafón. Y es que los guiones de Rick y Morty son de un ingenio y una calidad como hay pocos. Y sí, también tira de frases y momentos resultones, como cuando en un capítulo Rick le dice al Presidente de los Estados Unidos “tiene usted derecho a besarme la polla”. Pero sería un error juzgar el todo por una parte o quedarse sólo con las palabrotas y las provocaciones. South Park llegó a lo más alto muy pronto y después casi cayó en el olvido con la misma rapidez (al menos en España) por culpa de lecturas tan superficiales y, sin embargo, no ha dejado nunca de representar con acidez y gran acierto a la sociedad norteamericana de hoy día. Rick y Morty no busca eso pues la realidad norteamericana importa bien poco cuando uno viaja por infinitas realidades de infinitos universos. Como mucho la realidad (nuestra realidad) está para ser parodiada gracias a esos otros universos que nos sirven de espejo. Tal vez por eso mismo resulta incluso más atrayente. Porque hay mucha filosofía, teología y verborrea cuántica detrás de cada capítulo, detrás de cada exabrupto y cada bésame la polla aunque, como ya dijera alguien: “chistes de penes, la biblia del humor”.

Claro que también cabe la posibilidad de que todos esos “coño”, “joder”, “capullo” y “kiss my dick” no sean más que otro eructo que Rick te suelta a la cara mientras te habla; acaso para que no dejes de prestarle atención y al final, una vez más, termines dándole la razón.

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