Paradise PD

Es evidente que entre la cada vez más abultada lista de series por la que apuesta Netflix también hay sitio para la animación. Este 2018, aparte de Desencanto, la tan esperada nueva ficción de Matt Groening, nos han ofrecido algún otro estreno como Paradise PD.

Esta última, ambientada en la comisaría de policía de un pueblo de la Norteamérica profunda, nos muestra las aventuras y desventuras propias de unos personajes arquetípicos que no por haberlos visto, o recordar haber visto algo parecido antes, dejan de funcionar. Así nos encontramos con el policía novato que siempre quiso ser policía como su padre (a quien le voló los testículos accidentalmente jugando con la pistola), tenemos también al malhumorado jefe de policía (el deshuevado recién mencionado y que tal vez tenga una buena razón para estar de mal humor), al agente con problemas de control de la ira, al septuagenario que nadie sabe por qué no se retira del cuerpo… e incluso a un perro policía que habla y le da a las drogas. Hay más, por supuesto, como Mendicop, un mendigo al que usan para desactivar bombas pues su presupuesto no les da para más.

Uno de los aciertos de Paradise PD es usar estos personajes del modo en que deben usarse en una serie de animación gamberra como es esta y llevarlos al extremo, llevarlo todo al extremo: los diálogos, las tramas y los chistes. Y es que sus creadores, Waco O’Guin y Roger Black, son los mismos que años atrás estrenaran Brickleberry, otra comedia de animación igualmente gamberra, con unos guardabosques a cada cual más idiota que el anterior y, a falta de perro, un osezno que habla, como protagonistas.

De modo que si buscas humor incisivo, sutil, o quizás segundas lecturas o interpretaciones, definitivamente esta no es tu serie. Pero si buscas pasar el rato y echar unas risas puede ser una buena opción.

Es, por resumir, una serie sobre un cuerpo de policía que tiene un ojete rampante como emblema, con malos muy tontos y buenos más tontos aún, hay sexo entre personas y coches, peleas de perros y drogas. Tal vez podía haber empezado por este último párrafo y ahorrarme todo lo demás, pues con leer esto cualquiera ya sabe si dará una oportunidad a la serie (aunque sea por malsana curiosidad) o no. Es más, después de esto ya da igual lo que pueda añadir.

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