Paolo Vasile o del cretinismo considerado como una de las Bellas Artes

Recientemente Paolo Vasile, jefazo de Telecinco, ahora Mediaset, puto amo de la telebasura en España y reconocido alumno de Bunga-Bunga Berlusconi, ha soltado una serie de soflamas, estupideces y sandeces varias como si se las pagaran al peso. Sin el más mínimo atisbo de dignidad ni vergüenza.

Aprovechando que presentaban a los medios las nuevas producciones de Mediaset, cargó contra cualquier ficción no producida por su grupo. Vamos, que él es el visionario y los demás no tienen ni idea de cómo funciona el medio. Y con frases dignas de enmarcar, del estilo de “la innovación sirve para una rueda de prensa, no para gestionar una empresa” o “nosotros no haríamos nunca una serie en blanco y negro, la haríamos directamente en blanco y blanco para que sea más innovadora”, se fue quedando bien a gusto, en un ejercicio de onanismo oral (de seguro se empalmó escuchándose a sí mismo). Ya tiempo atrás declaró, en su línea intelectual, que en el negocio de la televisión hay que estar “más atento a los movimientos que a los cambios”; como si un movimiento no fuese un cambio de sitio o de posición. Todo un lumbrera, vamos, el Vasile.

Porque claro, nadie conoce mejor lo que quiere el público que él. Esto es lo que se pudo colegir de sus palabras.

Lo que quiere el público. ¡Con dos cojones! No lo que quiere su público, el público que elige ver su programación, sino el público en general. Podemos estar de acuerdo en que Mediaset tiene muy claro cuál es su nicho de mercado y focaliza todos sus esfuerzos y recursos en él. Hasta ahí bien, pero hay más público, mucho más. Y ningunear a otras cadenas por innovar o tratar de adaptarse a un público en evolución, así como desdeñar a las nuevas plataformas de contenidos online es de una ceguera que raya la estupidez: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y defender tu modelo de negocio dando a entender que es el único viable es de un cretinismo nivel Dios.

Sería fácil desmontar a Vasile y su verborrea, así como su defensa a ultranza de lo que debe ser y lo que no ha de ser la televisión, limitándonos a recordar, una tras otra, todas las series que produjo y fueron rotundos y estrepitosos fracasos. Sería más fácil aún empezar a tirar de hemeroteca y plantarle en las narices las multas que colecciona Mediaset por emitir contenido inapropiado en televisión o por emitir publicidad encubierta. E incluso podríamos sacar a pasear las acusaciones y sanciones millonarias por plagio que le van llegando. Hay otras formas de hacer televisión, otras que no implican saltarse sistemáticamente la ley y encima ir de chulo por la vida.

Llegado este punto hemos de admitir que existe la posiblilidad de que, tras las declaraciones que soltó, tal vez no había sino una huída hacia adelante. Quizás sus palabras buscaban silenciar el posible runrún de algunos accionistas o colaboradores que puedan estar empezando a dudar de su modelo, que consideren que sus ideas tienen fecha de caducidad temprana y es demasiado viejo para cambiar, que lleva años haciendo lo mismo y está viciado. No lo sabemos. Y tampoco importa.

Sea como sea, Vasile no es más que alguien incapaz de apreciar y mucho menos reaccionar ante los cambios (o movimientos, para agradarle) que se están produciendo tanto en la producción, como en el consumo de contenidos. Y no son pocos.

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