Morriña ochentera

Nos mintieron, nos estafaron. Crecimos en los ochenta con en cine y la televisión vendiéndonos la idea de que el futuro sería algo alucinante. Todo volaría: los coches, los monopatines, las bicis… Habría máquinas que te prepararían el desayuno; y no un desayuno cualquiera, no, sino un desayuno con su café, sus tostadas, sus huevos y su beicon. Vimos prototipos de esas máquinas en nuestras pantallas. ¡¿Dónde están?!

Porque no sé el resto de los mortales, pero yo aún me veo cada mañana, todo dormido en la cocina, bostezando (no un bostezo disimulado, más bien como lo haría un oso saliendo de la hibernación) y quitándome las legañas con una mano mientras con la otra me rasco las pelotas; haciéndome el café y preguntándome por qué mi coche no vuela, por qué mi gato no vuela y por qué tengo que seguir haciéndome yo solito el desayuno como un cromañón cualquiera.

Es posible que de esa decepción venga la morriña ochentera que ahora inunda las carteleras de cine y unas cuantas series de televisión. En los ochenta estábamos deseando que llegara el futuro y ahora lo que queremos es volver a los ochenta. Y no es que no estemos nunca conformes con nada o que cualquier tiempo pasado nos parezca mejor; es que me prometieron que para el año dos mil y pico yo, como cualquier hijo de vecino, tendría un robot que me haría las tareas de la casa y lo más parecido que hay es un aspirador de mierda que se va dando golpes por toda la casa, el muy subnormal. Además, en los ochenta podías decir subnormal y nadie te venía con monsergas sobre lo políticamente correcto e incorrecto.

Tres décadas atrás todo parecía estar en su sitio: las fronteras de Yugoslavia, la cara de Paul McCartney y el pelo de Nicolas Cage. Y ahora… ¿ahora qué? Pues ahora parece que necesitamos recuperar los ochenta. Volvió Indiana Jones (la madre que los parió, en buena hora), han vuelto Los Cazafantasmas y volverá Blade Runner (miedito me da); en televisión, Arma Letal es ahora una serie, intentaron rescatar V (fail), también El Coche Fantástico (fail), sacaron película del Equipo A (fail) y de Corrupción en Miami (que tampoco escapó al fail). La lista podría seguir, especialmente la de proyectos fallidos, cuyo máximo exponente quizá sea esa versión española de Cheers cuyos guionistas a buen seguro han borrado de su currículum.

Afortunadamente, la morriña, como la marea, no sólo trae basura a la orilla y, de vez en cuando, podemos encontrarnos con alguna agradable sorpresa. Como Stranger Things. Una serie que podía haberse ambientado en los 30, los 90… u hoy en día. Pero los ochenta tiran y mucho. Un acierto, sin duda, por parte de los creadores, que supieron dar a un buen argumento un plus que, reforzado con unas magníficas actuaciones (premio de Sindicato de Actores al mejor reparto, con discurso anti-Trump y viaje de ácido de Winona Ryder incluido), nos trae a la memoria esas películas de la infancia, como Los Goonies o Los Exploradores: un grupo de amigos, unos walkies, unas bicis y a correr aventuras). Y claro, con nuestro sistema límbico más a gusto que en brazos, como para no enamorarnos de una serie así.

Sea como sea, la memoria es selectiva y aquella década no fue tan idílica como queremos (y nos quieren hacer) creer, pero no es menos cierto que la televisión aportó un buen puñado de series míticas y que no todas ellas han envejecido mal. Vale que si nos diese por ver algunos capítulos de Alf o Primos Lejanos lo mismo nos daba una embolia y que, viendo Se ha Escrito un Crimen, tenemos cada vez más claro que era la vieja quien los mataba a todos y luego se inventaba enrevesadas historias para inculpar a otros; ahora, también sería injusto renegar de series como Roseanne o Luz de Luna.

Dejando esto a un lado y volviendo a la estafa de la que hablábamos, los ochenta mataron a la ciencia-ficción. Nos prometieron tantas cosas para un futuro cercano, tantas y tan en vano, que ahora nadie se atreve a imaginar cómo será el mundo dentro de treinta años mas que mediante distopías. Menos mal que aquí tenemos Black Mirror, que si no darían ganas de coger el DeLorean y poner tiempo de por medio.

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