Midnight, Texas

Hay quien dice que entre Nueva York y Los Ángeles, todo es Texas. Por lo que cuando una serie se ambienta en un pueblo perdido de la mano de Dios, en Texas, podemos esperar casi cualquier cosa; excepto dramas de abogados o comedias sobre treintañeros y sus tribulaciones acerca de dónde ir un viernes por la noche.

El pueblo perdido esta vez es Midnight. Allí nos encontramos con un tipo, Manfred Bernardo (Bernardou, en texano), que acaba de salir escopetado de su casa huyendo de alguien y ha decidido establecerse allí porque su abuela muerta le ha dicho que es un lugar muy agradable. El caso es que Bernardou puede hablar con los muertos. De esto va la serie, de lo paranormal, lo sobrenatural. Y de Midnight, que resulta estar atestado de vampiros, ángeles caídos, brujas y todo tipo de freaks. Algo que te justifican diciendo que el pueblo está asentado sobre una poderosa y mística energía, aunque en el subconsciente colectivo de los espectadores revolotee la idea de que, tratándose de Texas, es lo menos que te puedes encontrar. No es que la gente no parezca ser como realmente es, más bien al revés: todo es exactamente lo que parece, por extraño que sea. Sin filtros.

Como suele ocurrir con la mayoría de ficciones de género fantástico, tienes que entrar en el juego y aceptar sus premisas para que la trama no se te antoje ridícula, incluso absurda por momentos, y puedas empezar a disfrutar de la serie. Es más, una vez lo haces hay que reconocer que Midnight, Texas ofrece lo que promete, va de cara y tiene todos los ingredientes para agradar a los incondicionales del género. A fin de cuentas está basada en una novela (publicada en España bajo el título Encrucijada a medianoche) de Charlaine Harris, una especialista de lo fantástico y también autora de The Southern Vampire Mysteries, más conocida por estos lares por su adaptación a la televisión: True Blood.

Volviendo con Bernardou, se ve venir bien pronto y así sucede, que tras un primer encontronazo con los freaks del pueblo (lugar común donde los haya aunque la hostia se la lleva igual y ya no se la quita nadie) se harán todos amigos y formarán una especie de «dreamteam» de lo paranormal para que la justicia impere en Midnight. Nada nuevo bajo el sol.

La serie no es original, ni siquiera es una vuelta de tuerca al género, pero tampoco pretende serlo. Tal vez ahí resida su atractivo, en presentar lo sobrenatural con naturalidad, sin artificios. Sólo hay que entrar en el juego y, del mismo modo que hay quien acepta «pulpo» como animal de compañía, aceptar «vampiro» como colega con el que tomarse una cerveza. Suena ridículo, sí, lo mires por donde lo mires: por arriba, por abajo, por los lados o de reojo haciendo el pino. Pero esto es Texas.

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