Metaficción 2.0

Fenómeno o género editorial menor, engendro de marketing en cualquier caso, de un tiempo a esta parte parece ser habitual que personajes de ficción traspasen la barrera dimensional, catódica, que les separa del mundo real y publiquen sus propios libros. Metaliteratura 2.0 que nos permite leer desde El Manual de Juego o El Código de los Colegas de Barney Stinson; libros que se jactaba de haber escrito el personaje interpretado por Neil Patrick Harris en Cómo Conocí a Vuestra Madre, o todas las novelas negras (de momento van nueve) de Richard Castle, protagonista de esa serie que ya olía a rancio antes de morir tras ocho temporadas: Castle.

Son sólo algunos ejemplos, algunos de los más exitosos, todo sea dicho. Y es que el mundillo editorial para estas cosas es como un cerdo trufero: no se le escapa una.

Al grito de «¡Aquí hay dinero!» se termina publicando lo que sea, en este caso libros escritos por escritores fantasma y firmados por personajes de ficción. Libros que están hechos más para ser coleccionados con fruición de fan (como a quien le da por las fiambreras de Star Trek) u hojearlos por curiosidad antes que para ser leídos. Editores y lectores participan en la farsa: nadie engaña a nadie. Quien compra God Hates us All, de Hank Moody (Californication), sabe que no está leyendo, si se decide a ello, el libro que escribió el personaje, sino un producto a medida para los seguidores de la serie.

Dios nos odia a todos

God Hates us All sólo existía dentro de la ficción hasta que alguien consideró que había dinero ahí, que el sello de marca Californication vendería por sí solo. Si a ese alguien habría que erigirle una estatua en el panteón de los cerdos truferos o reservarle un lugar bien calentito en el infierno, sería otro debate. Debate para el cual, además, habría que dejar la calidad literaria a un lado, ya que hoy en día, sin una campaña de marketing adecuada es difícil vender un libro (sea este mejor o peor que cualquier otro) y la metaliteratura 2.0 ya tiene ese trabajo hecho. Si nos hemos referido antes a este marketing como engendro es porque no se suele tratar de planes elaborados, sino improvisados al rebufo del éxito de las series. Dicho de otro modo: el libro se va a publicar al margen de que este sea bueno o malo. Hay que publicarlo, y rapidito, antes de que el público potencial pierda el interés.

Cerveza Duff

Sacar partido de ficciones o elementos de ficción, arrastrándolos al mundo real para ganar dinero, no es nuevo ni se limita a las novelas, así nos encontramos con la cerveza Duff, de Los Simpson, en muchos supermercados e incluso (aunque no en España) la marca de chocolates Wonka, de Charlie y la Fábrica de Chocolate. En este último caso, curiosamente, el producto nació de una novela y no al revés.

¿Metaficción 2.0? ¿Marketing? ¿Metamarketing? Poco importa mientras pueda disfrutar de un trago de la refrescante cerveza Duff, fabricada con lúpulo, cebada y cristalina y pura… cabra. Tampoco importa que sea mejor o peor que otra cerveza, nadie me engaña: sé lo que estoy consumiendo.

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