Manhunt: Unabomber

Uno ya no recuerda cuándo, probablemente fue uno de esos casos de sutileza y evolución darwiniana, a base de mínimas mutaciones, pero ya no sabe uno en qué momento el aviso, basado en hechos reales (o el sello, como si se tratara de una denominación de origen) se convirtió en sinónimo de telefilme barato sólo apto para siestas, para tumbarse en el sofá y escuchar al televisor crepitar catódicamente, de fondo, como las chimeneas modernas que son. Por eso Manhunt: Unabomber supone toda una sorpresa, porque rompe con esa tendencia.

No invita ni de lejos a acompañar una siesta, más bien robará horas de sueño para ver un capítulo más.

Pero antes de seguir y para quien no sepa quién fue Unabomber ahí van unas cuantas líneas.

Unabomber: University and Airline Bomber. Así apodó el FBI a Theodore Kaczynski años antes siquiera de estar cerca de saber quién era. Un terrorista solitario, recluido voluntariamente en una cabaña en mitad de la nada, cual moderno y psicótico Thoreau, que a lo largo de casi veinte años envió más de una docena de bombas; principalmente contra universidades y aerolíneas o personal relacionado con ellas.

Manhunt: Unabomber está por tanto basada en uno de los casos que más trajo de cabeza y más sacó los colores, durante lustros, al FBI. Y es, sin duda, una de las mejores series policíacas que se han realizado en los últimos años. No entra en lo noir como True Detective, ni falta que le hace, y tampoco entra en la dinámica, tramposa, muy de moda últimamente, en esta época de copy-paste, de hacer de las tres cuartas partes de cada capítulo una travesía en el desierto para ofrecer diez minutos finales trepidantes y un final WTF que dejen al espectador en vilo. Manhunt está bien escrita, bien dosificada: narrándonos por un lado la investigación, la caza que finalmente y gracias a métodos poco ortodoxos dio sus frutos y, por otro, mostrándonos poco a poco el verdadero rostro de Kaczynski, la persona tras Unabomber, deconstruyendo al brillante matemático con CI de 167 que renunció a todo para irse a vivir al bosque y sembrar de bombas Estados Unidos. Por supuesto, había método en su locura: La sociedad industrial y su futuro, también conocido como el Manifiesto Unabomber, un texto en el que exponía su filosofía y llamaba a una revolución contra la sociedad moderna.

Pero no nos engañemos, hace falta algo más que un buen guión para que una serie, especialmente una serie basada en hechos reales cuyo personaje principal forma ya parte de la cultura pop norteamericana, funcione. Y ahí es cuando toca destacar las actuaciones de Sam Worthington y, especialmente, Paul Bettany, este último en la piel de Kaczynski.

Sobre Unabomber se han escrito cientos de artículos, realizado varios documentales, escrito un buen puñado de libros y, no podía faltar, cómo iba a faltar, por favor: un telefilme. Quedaba pendiente la serie y aquí la tenemos. Ocho episodios, sólo ocho. Y ninguno apto para la hora de la siesta.

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