LA to Vegas

Bueno, pues esto es una sitcom. Tan de libro, de manual, que se agradece. Y es que el término comedia de situación se había ido desvirtuando poco a poco. Con el paso de los años, más que una evolución natural parecía que tanto guionistas como productores habían encontrado una zona de confort que, más o menos, les funcionaba, y venga a tirar de sitcoms familiares o sobre colegas que comparten piso. Y no había Dios que los sacara de ahí. Copias y más copias; los mismos personajes con distinto nombre. La comedia solía ser otra cosa, primaba el ingenio ante las familias clonadas, pero en algún momento entre Roseanne y Full House (AKA Padres forzosos) esto se perdió.

Dylan McDermott. Foto: Rebecca Dru/CC BY 2.0

Y en esto aparece la Fox con LA to Vegas, un proyecto en apariencia modesto que devuelve el humor irreverente a sus orígenes: sketch, sketch, gag, sketch, sketch, gag, sketch, sketch… la estructura es bien sencilla, ¿verdad? Una situación cómica tras otra y salpimentamos con chistes. Claro que hace falta algo más que un puñado de guionistas recién salidos de un cursillo de verano para hacer algo así. Investigamos (vamos, que nos metimos en Wikipedia, a ver si se creen que esto es el Washington Post) y descubrimos que Will Ferrell y Adam McKay (Saturday Night Live) están detrás de todo esto como productores ejecutivos. Ambos habían trabajado juntos en más de una ocasión al margen de SNL y no siempre con acierto, si bien LA to Vegas hace que el humor regrese a la cabina del avión del que nunca debió salir: el Boeing 707 de ¡Aterriza como puedas! No literalmente, claro está. Pero imagino que captan la idea.

La serie transcurre en el puente aéreo de fin de semana entre los aeropuertos de Los Ángeles y Las Vegas. Y los personajes son arquetipos: el capitán endiosado y algo cretino, la stripper de buen corazón, el jugador empedernido, los auxiliares de vuelo tan desenvueltos que parecen no tomarse demasiado en serio su trabajo… los personajes son el vehículo para la comedia, no son los protagonistas. Además, da la impresión de que el reparto es consciente de ello, lo cual no hace más que sumar; no intentan ser más graciosos de lo que puedan ser, ni más guapos de lo que son, ni lucirse, hasta el punto de que Dylan McDermott (en el papel del Capitán Dave), uno de esos actores que no se había prodigado precisamente en papeles cómicos, consigue desvelarnos su vena cómica sin aspavientos ni sobreactuaciones.

Aparte, el manejo de los recursos, como la tensión sexual no resuelta que pueda aparecer entre algunos personajes, es el propio de la comedia y hace que se queden en eso: en recursos. No monopolizan la serie ni la desvirtúan transmutando una comedia en un culebrón de tercera con un par de chistes por capítulo.

A partir de aquí, claro, hay chistes mejores y peores, algunos mejor hilados que otros, de vez en cuando uno que se ve venir y los hay que vienen gruesos y los hay que vienen finos. La comedia es así, siempre lo fue.

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