Happy!

Claro, a ver cómo explicas esto sin que la gente crea que le estás tomando el pelo. Porque Happy… ¡Happy es muy buena! Y sin embargo… Bueno, mira, casi mejor empezar hablando de Nick Sax, el protagonista. Nick es como si a John McClane (Bruce Willis en Die Hard, vamos) le hubiera dado por dejarse de medias tintas y decidiese tocar fondo de verdad, pasarse de vueltas, empaparse, bañarse, bucear en cinismo y alcohol, volver su voz, su mirada y su humor cáusticos hasta el límite de lo que una persona puede soportar antes de implosionar… ¡qué digo! ¡Nick Sax ya implosionó! Nick Sax es lo que queda cuando un tipo revienta y ya le da lo mismo ocho que ochenta. También suelta hostias como panes, claro está. Brian Taylor, uno de los directores, escribió y dirigió Crank, y su estilo se deja ver en el ritmo, en los movimientos de cámara… y en las hostias… como panes.

Y ahora…, sí, era cuestión de tiempo, por mucho que intentase retrasar el momento… más tarde o más temprano había que hablar de lo otro… si ya lo sabía yo. Lo otro… lo otro es un unicornio. Un unicornio llamado Happy, un unicornio imaginario; el amigo imaginario de una niñita en apuros que busca ayuda en Sax para tratar de rescatar a su niñita querida.

De modo que Happy es, en esencia, eso: una extraña pareja, una pareja bizarra, supercalifragilística y demencial… basada en las novelas gráficas de Grant Morrison y Darick Robertson. Con Christopher Meloni en el papel de Nick Sax (todo un acierto, basta con ver el primer capítulo para que no te puedas imaginas a ningún otro actor en la piel del protagonista) y Patton Oswalt dando voz a Happy. Una apuesta de SyFy que funciona, que desprende humor negro y violencia.

Lo fácil hubiera sido hacer una serie con un ex-policía más, interpretado por cualquier actor guapetón con peinado de rebelde (despeinado de peluquería) y barba de dos días, que intentase parecer malote y que soltase frases manidas pretendidamente ingeniosas cada vez que reventase la cabeza a un malo de tercera; poner a su lado a un patán, o a una chica que hiciese de contrapunto racional a sus impostados gestos autodestructivos. Y ya está, andando. La clase de basura a la que estamos acostumbrados, en definitiva.

Eso hubiera sido lo fácil. En su lugar tenemos enfrente una serie que, aun incluyendo a un unicornio imaginario ente sus protagonistas, es de lo más auténtico que podemos encontrar ahora mismo.

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