Good Omens

Hay que empezar hablando de Terry Pratchett; de que antes de fallecer en 2015 nos dejó docenas de novelas, cuarenta de las cuales formaron parte de la saga del Mundodisco y de que logró, mediante dicha saga, darle la vuelta a la literatura de fantasía gracias a introducir un humor claramente inglés y, a la vez, bastante original y particular.

Fue en 1990 cuando se publicó Buenos Presagios (Good Omens), escrita a cuatro manos entre Pratchett y Neil Gaiman. El primero aprovechó para tomarse un breve descanso del Mundodisco mientras que para Gaiman (American Gods, Coraline), que venía del mundo del cómic, suponía su primera novela.

Y en esto que llega, de la mano de Amazon, la ansiada adaptación a la pequeña pantalla de Good Omens. Uno de esos extraños casos en los cuales una serie nos da exactamente lo que nos promete. Es divertida, es muy inglesa, es muy Pratchett, es muy Gaiman y es todo eso y más.

La historia, resumiendo mucho, se reduce a un ángel llamado Aziraphale (Michael Sheen) y un demonio, Crowley (David Tennant), que tras tantos años entre los humanos le han pillado el gusto a este mundo y no terminan de estar del todo a favor de que llegue el Apocalipsis; si bien a ambos se les supone un papel fundamental en la llegada del Anticristo, harán todo lo posible por evitar la lucha definitiva entre las fuerzas del bien y del mal, así como el fin de un ser humano que, quieras que no, ha sido capaz de inventar los crepes y las berlinas de lujo. Sin olvidar que, aunque muchos lo tomen por una leyenda, hay un libro de profecías (el único con profecías acertadas) escrito por Agnes la Chalada, allá por el siglo XVII, con mucho que decir. No en vano, el título original de la novela es Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch. Algo así como «Buenos Presagios: Las Agradables y Precisas Profecías de Agnes Chalada, Bruja».

De la pareja protagonista, Sheen y Teenant, cabe resaltar la buena química que dan en pantalla y, especialmente, lo bien que está Teenant; da a su personaje un aire a lo Bill Nighy que le viene como anillo al dedo, aportando un toque de picaresca y carisma que hace que te rindas al demonio Crowley.

A partir de aquí se podría especular mucho acerca de si hubiésemos visto una serie muy distinta o no en caso de que Terry Pratchett siguiera vivo, y de si esa serie hubiera sido mejor o peor. En cualquier caso, el showrunner de la serie ha sido Neil Gaiman (en pleno idilio adaptativo-creativo con Amazon). Y hay que decir que el resultado ha sido realmente bueno.

Y, puestos a especular, hay quien especula con una segunda temporada de Good Omens. Algo ya desmentido por el propio Gaiman y que, dado que Pratchett y él no llegaron nunca a escribir una secuela, se antoja bien complicado.

Si bien, algo que tenían las novelas de Pratchett es que sus personajes eran tan ricos y originales que prácticamente cada uno daba para una novela… por lo que desde aquí especularemos con la posibilidad de algún spin-off. Agnes la Chalada puede dar mucho juego aún y quizás no haya escrito aún su última profecía.

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