El método Kominsky

Chuck Lorre, Alan J. Higgins y David Javerbaum. Vayan por delante estos nombres, que no son otros que los de los guionistas de una de las últimas ficciones creadas por Netflix: El método Kominsky. Y es que esta serie, que va dándose a conocer de boca a oreja como «la serie de Michael Douglas» (más aún después de que gracias a este papel Douglas ganara el Globo de Oro 2019 en la categoría de Mejor Actor de Serie Comedia o Musical), es de lo mejor que se haya escrito y estrenado este pasado año. Chuck Lorre es ahora mismo todo un referente televisivo en Estados Unidos, creador de The Big Bang Theory, Dos hombres y medio o Mom, también trabajó en la primera etapa de Roseanne y lleva ya cerca de tres décadas en la cresta de la ola; Alan J. Higgins, por su parte, fue guionista en la serie Malcolm y David Javerbaum es una bestia parda con 13 Emmys a sus espaldas. Ellos tres han parido los ocho capítulos de El método Kominsky (Lorre, para ser justos, no sólo es el creador, sino el único que ha trabajado en todos los capítulos, además de dirigir uno de ellos). Ocho guiones para enmarcar tanto por separado como en su conjunto. Por algo la «serie de Michel Douglas» también ha ganado el Globo de Oro 2019 a la Mejor Serie Comedia o Musical. Y es que con estos guiones sobre la mesa resulta que, aparte de Douglas, nos encontramos en el reparto a Alan Arkin, Nancy Travis, Lisa Edelstein, Susan Sullivan y Danny DeVito. Douglas interpreta a Sandy Kominsky, un profesor de interpretación, casi olvidado ya como actor para la industria del cine que, entre clase y clase, acompañará a su amigo y agente Norman Newlander (Alan Arkin) en el duelo por la pérdida de la mujer de este. Juntos compartirán buenos y malos momentos e incluso urólogo (pocas cosas pueden unir más), mientras vamos conociendo más detalles de la vida pasada tanto de uno como de otro. Así sabremos que a Sandy, con tres divorcios a sus espaldas, nunca se le dio bien eso del matrimonio y que lo único que ha permanecido intacto en su vida en las últimas cuatro décadas ha sido su amistad con Norman. Dicho esto pudiera parecer que la serie, sobre todo tras ver el cartel, va de dos ancianos contándose mutuamente batallitas de sus años de juventud y éxito sentados en un banco mientras dan de comer a las palomas. Muy al contrario, en El método Kominsky, no dejan de suceder cosas. Y sabe llevar al espectador de lo cómico a lo sentimental sin artificios ni recursos baratos; todo avanza sin pausa y con fluidez. El primer capítulo (hablar de piloto hoy en día, más aún en series encargadas por plataformas como Netflix, HBO o Amazon, empieza a sonar desfasado, como usar expresiones de los 80, ¿te pispas?) es una muestra de cómo debe empezar una serie: presentando a los personajes sin meterlos a capón según se le dice al espectador de qué va la serie, con una naturalidad que rara vez se ve en ficciones de media hora de duración. Y muy especialmente cuando se trata de comedias. De modo que por muy bien que estén, que lo están, Michael Douglas, Alan Arkin y el resto del reparto, dejaré caer nuevamente los nombres de los guionistas: Chuck Lorre, Alan J. Higgins y David Javerbaum. Aunque, obviamente, no por ello dejará de ser conocida como «la serie de Michael Douglas».

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