El cuento de la criada

Basada en la novela distópica The Handmaid’s Tale, escrita por Margaret Adwood hace más de treinta años, El cuento de la criada está siendo una de las sorpresas de este 2017. Nos presenta una sociedad gobernada bajo un régimen teocrático, puritano, autoritario, represivo y violento (todo esto queda algo redundante, quizás lo podía haber dejado en puritano; habría bastado, ni que me pagasen por palabra), en la cual la fertilidad humana es uno de los más preciados tesoros. Y, como suele ocurrir en los regímenes autoritarios, cuando un recurso esencial escasea, las élites son las que se encargan de apropiárselo y autogestionarlo. Ahí entra en juego la protagonista y narradora de la historia, Offred (interpretada por Elisabeth Moss): ella sí puede dar a luz, por lo que no es libre, no puede serlo. No es más que un recurso. Offred, por tanto, está al servicio (valga el eufemismo: es una esclava sexual por mucho que también la envíen a hacer recados) de un comandante, interpretado por Joseph Fiennes cuya mujer, obviamente, es estéril y llevará muy mal que su maridito tenga que cabalgar a otra para procrear en beneficio de la sociedad.

Joseph Fiennes

Respecto a Joseph Fiennes hay que decir que da el papel. Siempre actúa igual, frunciendo el ceño y con una mirada cuyos ojos miran hacia adentro, como si no quisiera estar ahí, o como si su mente no estuviera realmente ahí; en plan estoy aquí porque he venido, pero no tengo ni puta gana, yo querría estar jugando a los bolos o pescando, ¿estamos ya en temporada de trucha? Ahora vienen de piscifactoría y no saben a nada, igual que los tomates, también podría ir a comprar tomates, cualquier cosa con tal de no estar aquí, espera, creo que esta actriz ha terminado de hablar, ¿viene mi frase ahora? ¿Sí? ¿No? Bueno, yo la suelto y luego el director que decida.

Así es, grosso modo, como actúa Joseph Fiennes. Siempre. La acción transcurre y él con su cara de niño al que obligan a bailar con su prima la de Murcia, rodeado de desconocidos en la boda de un familiar lejano de su padre. Pero en esta ocasión funciona.

Funciona todo el reparto. Y funciona la dirección. Así como hay que destacar que estamos frente a una adaptación del libro a la pantalla muy bien llevada. Las voces en off de la protagonista, ese recurso de doble filo donde con tanta frecuencia los hay que embarran metiéndolas a capón, en esta ocasión aportan lo que tienen que aportar, sin abusos ni usos torticeros. Y lo mismo se puede decir de los flashbacks. Todo ello hace que la serie y Offred tengan una mayor profundidad (en el caso de Offred nos permite ver a la mujer que hay detrás de la criada), aparte de oxigenar una serie donde, de otro modo, la atmósfera resultaría demasiado asfixiante y unidimensional.

El cuento de la criada, además, admite ser vista e interpretada desde muy diversos ángulos: tiene mucho de alegato feminista, de crítica a los fundamentalismos e incluso de análisis de la propia condición humana. Esto último es algo en lo que se incide frecuentemente en cualquier distopía, más allá de poner al lector, o al espectador en este caso, frente a esa cuestión tan incómoda de qué haría yo en mundo así. Aunque sólo fuera por ello y dejáramos a un lado asuntos artísticos o narrativos, The Handmaid’s Tale es una serie que merece la pena ver.

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