Corporate

De vez en cuando ocurre que una serie, pese a su despliegue de ingenio, parece condenada al ostracismo desde el primer capítulo. Y Corporate puede ser el primer ejemplo de este 2018. Comedy Central ha sabido hacer una buena sitcom, sin duda, nada de risas enlatadas ni chistes repetidos hasta la nausea; tirando de buenos guiones y una dirección acorde. Pero le falta algo, ya sea esa chispa extra que logra dar con la tecla del éxito o una campaña de publicidad agresiva, cansina y machacante, a lo Netflix, que no puedas caminar por la calle sin tropezarte con algún cartel anunciando su último estreno; estaciones de metro, de tren, paradas de autobús… no dejar una sola marquesina por empapelar. Es más, cada vez estoy más convencido de que gran parte de mis amistades están puestas ahí por Netflix, fingiendo que les caigo bien y riendo mis gracias, sólo para hablarme de sus series. Claro que también puedo tener el cerebro hecho migas con tanta ficción, vea gigantes donde hay molinos y necesite terapia. Pero vayamos a por Corporate.

Corporate nos introduce, de la mano de un ejecutivo junior en prácticas, Matt, en las entrañas de Hampton DeVille (no asociada a Cruella De Vil; suponemos que apenas ha sido una licencia de los creadores), que no es una multinacional más sino la multinacional por antonomasia: alimentación, armamento, electrónica, fármacos e incluso merchandising anticapitalismo, por supuesto. ¿O acaso queda algún ingenuo por descubrir que cualquier movimiento alternativo o de protesta es engullido y deglutido al instante como producto de consumo para las masas? Dejando esto a un lado y volviendo con nuestro ejecutivo junior (interpretado por Matt Ingebretson), será gracias a él y gracias a su punto de vista de ejecutivo aún sin curtir (léase aún con restos de alma) que iremos descubriendo de primera mano qué clase de cretinos está al frente de Hampton DeVille. Por resumir un poco: está dirigida por sociópatas de sonrisas robóticas embutidos en trajes caros que consideran al conjunto de trabajadores y trabajadoras de la empresa meras herramientas. Hampton DeVille dispone de una página web como la de cualquier otra megaempresa y la podéis ver aquí, con esa apariencia de secta donde no faltan ni fotografías de sus líderes ni testimonios, siempre positivos, de algunos de sus trabajadores. Y pese a lo exageradas que puedan parecer ciertas situaciones, la serie en realidad más que una parodia del mundo corporativo destila bastante realismo. Es más un espejo donde se refleja aquello que no vemos, apenas intuimos o, de tarde en tarde, descubrimos gracias a la prensa.

El caso es que a pesar de los buenos guiones, la buena dirección, un reparto plagado de secundarios de lujo, como Anne Dudek y Adam Lustick, y aportar ese toque de cinismo que tanto se echa en falta entre tanta sitcom descafeinada, Corporate, como ya hemos dicho, no parece que vaya convertirse ni en la revelación de la temporada ni en la serie de cabecera de mucha gente.

Eso sí, cada vez que alguno de mis amigos a sueldo de Netflix me venga con que tengo que ver tal o cual serie, yo contraatacaré con Corporate.

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