Californication

Los tomates ya no saben a tomate. Esa es la sensación que dejan en el paladar las últimas temporadas de una serie cuando esta se prolonga innecesariamente.

Californication tal vez sea uno de los ejemplos más claros.

Empezó bien, con un personaje carismático, Hank Moody, interpretado por un David Duchovny aún perseguido por la sombra del agente Mulder de Expediente X; de la cual logró desprenderse gracias a este nuevo papel que le valió un Globo de Oro. Y las correrías, amoríos, tribulaciones y excesos de un escritor atrapado en un Los Ángeles del cual sólo intenta escapar, lograron captar la atención del público durante cuatro temporadas. Al final de la cuarta todas las líneas argumentales que habían hecho avanzar la serie quedaron cerradas y Moddy al fin regresaba a su Nueva York querido. Sin embargo, se produjeron otras tres temporadas más. A cada cual peor. Los personajes ya apenas interesaban, se habían ido desdibujando para justificar enredos metidos a capón con los que intentar mantener fieles a los espectadores. Californication pasó a ser una caricatura de lo que había sido e incluso el carisma de Hank, uno de los principales atractivos de la serie, se vio resentido, debilitado por el esfuerzo que suponía soportar sobre sus hombros el peso de una serie venida a menos.

Hank Moody recordaba, quizás en exceso, al ya fallecido escritor Charles Bukowski (cuando menos a su alter ego en las novelas que escribió, Hank Chinaski): además de compartir nombre también es escritor, mujeriego, bebedor, provocador, bocazas, no elude una pelea, tiene una relación tormentosa con su verdadero amor, una hija… más una ristra de guiños y menciones directas que comenzaron bien pronto, ya en la primera temporada. Ignoramos si Tom Kapinos, creador de la serie, conocía un proyecto que en su día ofrecieron al propio Bukowski, de hacer una serie basada en la vida de este último, y que el escritor norteamericano rechazó, pero siempre quedará la duda de si Kapinos rebuscó o no en la papelera de alguna productora antes de ofrecer Californication a Showtime. Sea como fuere el resultado fue bueno, solvente; había ritmo, dosis de comedia y de sexo en unos guiones irreverentes, incluso gamberros, trufados de frases para enmarcar. Más una banda sonora, a base canciones rock de todos los tiempos, que era toda una delicia. El éxito fue tal que incluso se publicó un libro, God Hates us All, escrito por Hank Moody, sí, el personaje, y que en la ficción le lleva a la fama. Caso aparte es que Duchovny, más recientemente, se haya lanzado al mundillo literario con dos novelas: Holy Cow y Bucky Fucking Dent.

Californication, como decíamos, lo tenía todo. Lástima que las tres últimas temporadas, tan innecesarias como repetitivas, ya no tuvieran jugo. Esos tomates ya no sabían a tomate.

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