American Gods

A ratos. Así funciona American Gods, pero funciona. A ratos inteligente, a ratos trepidante y a ratos excesiva, si bien también a ratos se hace lenta y algo repetitiva. Una serie que tan pronto se muestra original como recurre a las mismas trampas en las que se refugian los guionistas de factoría, estandarizados, producidos y escupidos en masa.

Basada en la novela homónima escrita por Neil Gaiman, American Gods nos abre las puertas de las religiones que, de un modo u otro, han desembocado en Estados Unidos a lo largo de la historia, e incluso se permite el lujo, sin discursos pedantes, de filosofar acerca del origen y el fin de cada una de ellas: un Dios nace de una necesidad del ser humano y estará vivo mientras haya gente que le rece. Y esos Dioses harán lo que sea necesario para seguir vivos; tanto los antiguos como los modernos, que no son sino aquellos que no necesitan altar ni templos, sólo tu dinero: los mass-media e Internet.

Y en esto llega, por empezar, un tipo llamado Shadow Moon, recién salido de la cárcel y recién enviudado, y se tropieza con un viejo Dios de una religión casi olvidada que le pide que trabaje para él. Shadow, pese a que es un tío inteligente, aún no sabe de qué va la vaina, lo irá descubriendo poco a poco, según vayan recorriendo Estados Unidos reclutando a más Dioses para la cruzada personal de su nuevo jefe.

Ahora uno se pregunta por qué con una novela de éxito y sobradamente premiada detrás, con un argumento tan sugerente, amén de un reparto con actores y actrices de la talla de Ian McShane y Gillian Anderson (que ya ha anunciado que no seguirá), y un presupuesto nada desdeñable, pasó con más pena que gloria y está sufriendo mil y un problemas y retrasos para ponerse a trabajar en una segunda temporada que, como muy pronto, no verá la luz antes de 2019.

Empezando por el final: si American Gods hubiera sido todo lo buena que podía haber sido (y apuntaban los dos primeros capítulos) la segunda temporada ya sería una realidad, lo cual nos lleva a la primera cuestión, por qué pasó medio desapercibida, por qué nadie habla de ella.

Siendo una buena serie, que lo es, en ocasiones (a ratos, como hemos comentado) da la impresión de estar divagando, como el abuelo que narra cualquier episodio de juventud y más que adornar la historia con tramas secundarias, desemboquen estas o no finalmente con la historia principal, va saltando de una a otra sin aparente orden ni concierto. Sí, la historia puede que se enriquezca y todo tenga un sentido después de todo, pero, si me permiten el símil culinario, es arriesgado dejar demasiado tiempo a un lado el primer plato e ir picando de ensalada: se te puede enfriar. Como se puede quedar frío el final (en todo lo alto) de la primera temporada, si continúan los retrasos.

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